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sábado, 19 de septiembre de 2009

Muse


¿Qué es un blog sin unas gotas de patética mitomanía? Vamos allá. En mi próximo avatar quiero ser Matt Bellamy, tener un grupo llamado Muse y hacer discos que se titulen Showbiz, Origin of Symmetry, Absolution, Black Holes and Revelations y The Resistance. Por ejemplo.




lunes, 25 de mayo de 2009

Eluveitie


Reescribiendo... 

A veces reescribir trae momentos de satisfacción casi mesiánica. Por ejemplo, hoy. He logrado resucitar un capítulo que estaba muerto. Hallelujah!

Y lo celebro con esta canción de Eluveitie, la que sonaba mientras ocurría el milagro.

Mira por dónde, la mía es una historia de mujeres vestidas de negro y pájaros peligrosos...




martes, 17 de marzo de 2009

lunes, 23 de febrero de 2009

10.000 horas




Dice Malcolm Gladwell que para triunfar lo único que necesitas es tener 10.000 horas a tu disposición para practicar mucho en aquello que te interese hasta que consigas al fin convertirte en un genio mundialmente reconocido como los Beatles o Bill Gates.

Bueno, no sé si dice exactamente eso porque no he leído el libro ni pienso hacerlo. Pero para el caso, me sirve la reflexión.

Saco mi calculadora de última generación. Tecleo 2 por 365, que vendría a ser la media de horas que escribo a lo largo de un año. Divido 10.000 entre 730 y me salen 13,69 años. Teniendo en cuenta que empecé a escribir en serio hace exactamente 3,69 años (sí, qué pasa, me coincide), eso significa que a este ritmo me quedan 10 años para llegar a ser un escritor genial y mundialmente reconocido.

10 años. Parece bastante razonable. Teniendo en cuenta que a un escritor se le considera joven hasta bien entrados los cincuenta, creo que me salen las cuentas, sí. Qué narices, voy sobrado.

Y el caso es que yo iba a hablar de los Oscars, de los años en que lo emitían en abierto por TVE y yo trasnochaba para tragármelos en casa de mis padres como un auténtico nerd, como esa simpática chica de Alcobendas que ayer salió en el Plus tan sonriente y emocionada. Pero es que no he visto ninguna de las películas importantes de este año y la de Woody Allen me parece un espanto, así que no tengo mucho que opinar.

Además me pasa una cosa con Penélope Cruz, y es que por alguna razón me despierta el recuerdo obsesivo de Susana Hoffs, la morenita de las Bangles. Ah, si hubiera empezado a escribir en los ochenta ya andaría codeándome con Bill Gates...




miércoles, 10 de diciembre de 2008

Esos bichos raros



No hay nada menos glamouroso que un escritor en ropa de faena. Osea, batín fucsia, zapatillas viejas y gorro de lana para el invierno. Por supuesto, sin afeitar. Es el cliché que encarna Michael Douglas en Jóvenes prodigiosos (Wonder boys, 2000), pero que no es ningún cliché. Con la posible excepción de Ray Loriga, sospecho que todos los escritores lucimos un aspecto cotidiano igualmente deplorable. Es lo que tiene trabajar en casa, donde tu familia ya te da por perdido y el único ser del mundo exterior que puede juzgarte es algún fontanero ocasional.

Tampoco es que al salir a la calle mejoremos mucho. En mi barrio vive Rafael Sánchez Ferlosio, y sólo con verle pasar uno sabe que se trata de un genio, de alguien absolutamente volcado en su mundo interior. Por decirlo de alguna forma. En los suplementos y revistas de literatura no predominan las fotos de bellezones. No me gustaría estar en el pellejo del portadista del Qué leer, con la misión de encontrar cada mes una cara guapa (o al menos potable) para atraer al lector. Y para colmo es un mundo dominado por hombres.

Gracias a la biblioteca municipal de mi barrio, provista de una rancia e interesante videoteca, he podido revisar esta película que tanto me fascina y no sé muy bien por qué: Jóvenes prodigiosos. Bueno, sí lo sé. Me imagino que soy Michael Chabon (antes de ganar el Pulitzer) y suena el teléfono de mi casa. Me acerco con mi batín fucsia al teléfono y respondo; apenas me sale la voz, es la primera vez que hablo con un ser humano en todo el día. Se trata del productor Scott Rudin, y me dice que quiere adaptar mi novela Wonder boys con Michael Douglas en el papel principal, Tobey Maguire, Robert Downey jr., Frances McDormand y Katie Holmes. El director será Curtis Hanson, y de la adaptación no me tengo que preocupar porque se encargará Steven Kloves. Ah, sí —añade antes de que pasemos a hablar de los millones que voy a cobrar por los derechos—, y la canción de la película la hará Bob Dylan. Entonces yo hago como que me lo pienso un poco y digo: hmm, okay, deal.

La escena no ocurrió exactamente así (Chabon es demasiado cool para llevar batín fucsia), pero responde a mi sueño imposible en lo que se refiere a adaptaciones cinematográficas. Sobra decir que en España no hay ningún Scott Rudin, ni Michael Douglas, ni Bob Dylan. Ni siquiera un Steven Kloves. Pero yo tampoco soy Michael Chabon, así que supongo que estamos en paz.

Jóvenes prodigiosos es una película divertidísima sobre todo por el personaje de Grady Tripp que interpreta Douglas, un escritor que sufre lo contrario al bloqueo creativo, es incapaz de dar por concluida una novela que ya va por la página 2532, acaba de ser abandonado por su mujer, su amante se queda embarazada, su mejor alumno se pasea por el campus con una pistola, su editor bisexual se presenta en casa para interesarse por el avance de su libro... Como véis, una historia poblada de bichos raros. Los brillantísimos diálogos de Steven Kloves le merecieron una nominación al Oscar, aunque no sé hasta qué punto hay que agradecérselos al propio Chabon, puesto que la novela —que yo sepa— nunca ha sido traducida. Una pena.

Iba a colgar aquí el increíble videoclip de Bob Dylan (él sí ganó el Oscar) para terminar, pero la compañía Sony no me deja, malditos sean. Ánimo, la canción bien merece el esfuerzo de un click.

People are crazy and times are strange
I'm locked in tight, I'm out of range
I used to care, but things have changed

viernes, 28 de noviembre de 2008

El rock de las edades



He aquí el primer single no-villancico que apareció por mi casa, allá por el año 1984. Lo compró mi hermano, muy audazmente, creo que recomendado por nuestro primo mayor, que venía de Londres o algo así. En realidad ninguno de nosotros sabíamos quiénes eran Def Leppard. Y ni siquiera nos gustaba la canción. Pero sonaba cañero, moderno y transgresor a más no poder. Yo tenía once años. Lo pusimos cinco o seis veces seguidas y luego, con secreto alivio, volvimos a nuestras cintas grabadas de Modern Talking, que eran mucho mejores, dónde va a parar.

El último disco de Def Leppard lo compré hace poco a través de iTunes y no lo puedo escanear porque no tiene presencia física, es sólo un montoncito invisible (y despreciable, todo hay que decirlo) de bytes. Pero no me voy a poner nostálgico y llorar por los vinilos; yo hubiera asesinado por tener una tienda virtual como iTunes en aquellos tiempos, donde pudiera picotear aquí y allá antes de sacar la cartera, y saber exactamente lo que compraba en lugar de pagar por el misterioso cartapacio de un LP del que sólo hubiera oído una canción por la radio, con suerte.

Aunque aquel misterio tenía su cosa. La incertidumbre, la compra arriesgada, la intuición fundada sobre una portada espectacular o un nombre con resonancias artúricas. El primer disco no-banda-sonora-cinematográfica que compré fue Seventh son of a seventh son, de Iron Maiden. Jamás lo hubiera comprado a través del iTunes. Recuerdo perfectamente el gran esfuerzo que tuve que hacer para que me gustara. Qué dolor. Pero me llegó a encantar, por supuesto. Todavía recuerdo las letras, de tanto empollármelas. Oh, sí, porque aquellos discos eran tan obscenamente grandes que cabía toda la letra de sus canciones en la funda de papel, con fotos y demás. No era necesario teclear en el Google: "Iron Maiden Can I play with madness lyrics".

Me lo temía, al final me he puesto melancólico. Pero no soy el único. Y la culpa es de esos dichosos grupos de sesentones con barriga y pantalones ajustados, que se empeñan en seguir sacando material: Metallica, AC/DC, Guns'n'roses, Motorhead, Megadeth Def Leppard han sacado disco nuevo en 2008, ¡y han tenido un gran recibimiento comercial! ¿En qué cabeza cabe eso? ¿Se trata de otro efecto de la crisis, en este caso materializado en una crisis de ideas y de creatividad? Nunca el riesgo y la incertidumbre tuvieron tan mala prensa como hoy, desde luego.

Los videoclips de antes tenían más gracia, también. ¿Que no?



jueves, 16 de octubre de 2008

Metallica goes to eleven


Es que no me resisto. Hay una película genial de Rob Reiner titulada This is Spinal Tap que cuenta a modo de falso documental las vicisitudes de un grupo heavy de los ochenta. La película no fue estrenada aquí, pero tuvo tanto éxito en Estados Unidos que el grupo inventado con el nombre de Spinal Tap llegó a dar auténticas giras de conciertos. Es conveniente advertir de que se trata de una comedia, una parodia bastante cruel de todos los grupos heavies de aquella década, a pesar de que la realidad supera muchas veces a la ficción y ya resulta imposible distinguir entre la parodia y el original.

Por ejemplo, lo de Metallica con su último disco, Death Magnetic. Resulta que la banda americana ha entrado en el juego que se traen algunas discográficas de rock duro para competir a ver quién suena más alto, con la consiguiente pérdida de calidad de la grabación, y el resultado de un sonido más empastado y tosco.

La tontería es de una magnitud tan grande que me ha recordado a una escena concreta de This is Spinal Tap, en la que el guitarrista enseña con orgullo sus amplificadores "que suben hasta el once" de volumen, es decir, un punto más cañeros que el resto de los altavoces del mundo, según su lógica, porque sólo llegan hasta el diez.

Por cierto, el nuevo disco de Metallica está muy bien.

Pero la película es todavía mejor.




domingo, 5 de octubre de 2008

Tema: el infierno familiar


No se le ocurre otra cosa a Manuel Hidalgo que poner por escrito que el tema de Rojo alma, negro sombra es "el infierno familiar". A ver cómo se lo explico yo ahora a mi madre.

Pero tiene razón, claro. ¿Es que hay alguna forma de evitar el tema de la familia cuando escribes una historia de emociones intensas? Mucho de lo que somos corre por dentro de nuestras venas, como dice Amanda Palmer, y no hay forma de escapar de eso.



sábado, 27 de septiembre de 2008

Land of confusion


Gran canción. Gran versión. Genesis vs. Disturbed.

Quien quiera recordar el vídeo original puede hacerlo, pero no es muy recomendable, le hace sentirse a uno muy viejo.


jueves, 21 de agosto de 2008

22 niños


Hay canciones que sirven para abrazar y acunar a los que ya no están, porque son mágicas.


lunes, 11 de agosto de 2008

Sierra Swan


No todo iban a ser cosas feas y terroríficas, ¿no?

(A ver si así subimos la audiencia del blog)




viernes, 25 de julio de 2008

Algunos libros y una recomendación musical


Por empezar por lo último, acabo de terminar La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz, y me temo que no va a entrar en mi parnaso de lecturas recomendadas. Me dejé llevar por el brillo del premio Pulitzer (un año después de La carretera de McCarthy) y por la poderosa campaña de Mondadori (doble página-anuncio en El País, qué flipe), pero confieso que he tenido que hacer bastante esfuerzo para terminar el libro, incluso saltándome algunos pasajes. El protagonista es un nerd gordo y sin ningún éxito con las mujeres a pesar de su sangre dominicana que al principio resulta muy divertido, luego pierde todo el protagonismo en favor de su madre y su abuela (¿era realmente necesario?), hasta su regreso en la parte final, donde ya intuimos por dónde van los tiros y la cosa se pone mucho más siniestra que risible. Sospecho que el spanglish de Díaz tenía más gracia en la versión original, pero lo que me ha hecho indigesto el libro no es el lenguaje sino el constante recurso al resumen para contar la historia. Debe ser problema mío; no puedo leer un libro que no esté bien trufadito escenas, por muy bueno que sea. Ni siquiera Cien años de soledad. No hay manera.

Me ha encantado Bullet Park, de John Cheever. Es una novela de 1976, últimamente reeditada por Emecé (Planeta). Con el estilo frío y extrañamente poético que le caracteriza, Cheever cuenta la historia de dos vecinos de un suburbio americano donde la felicidad y el buen rollo son sólo una fina capa de pintura por encima de la más absoluta soledad y desesperación. Aun así, lo que más me gusta de este libro es que no es completamente amargo y crepuscular, sino que deja ciertos resquicios para que entren la luz y ciertos (pocos) buenos sentimientos. Lo recomiendo absolutamente a pesar de la traducción latinoamericana, donde la gente maneja autos y demás.

Ahora es el momento, de Tom Spanbauer (Mondadori). Minimalismo a tope. Interesante por cómo está escrito más que por lo que cuenta, que es una especie de Brokeback Mountain con muchachito vaquero y hombre indio. Mucho más humano y realista que Chuck Palahniuk (su legendario alumno), también es más aburrido. Mejor hojearlo que comprarlo.

El hombre del salto, de Don DeLillo (Seix Barrall). Este hombre es un genio, lo he descubierto muy tarde y estoy en fase de adoración incondicional. Cuando sea mayor, quiero escribir como él. El hombre del salto cuenta la historia de varios supervivientes de las Torres Gemelas, pero en realidad trata de muchas otras cosas. Dejémoslo así. Pues claro que lo recomiendo.

El hombre divergente, de Marc R. Soto. Para que no se diga que sólo leo norteamericanos. Me ha gustado, pero encuentro un poco ortopédico el formato de fix up, con unos relatos muchos más largos que otros. Recomendable para lectores de terror sin prejuicios.

De Ron McLarty y su Viajero ya hice un comentario, así que me remito a lo dicho.

Y para terminar, una recomendación musical. Iba a colgar este video de Disturbed, porque la canción y el disco son impresionantemente buenos, pero de pronto me ha dado tan mal rollo que he decidido cambiarlo por este otro de Vetusta Morla, que son unos chicos muy majos de Madrid.




miércoles, 23 de julio de 2008

sábado, 19 de julio de 2008

Battiato y el punk


Y luego dicen que los libros son caros.

En un arrebato de nostalgia ochentera, mi chica y yo decidimos el miércoles tirar la casa por la ventana y apoquinar los 56 euros exigidos para ver a Franco Battiato en los famosos conciertos veraniegos de Conde Duque. Nos imaginábamos un concierto íntimo y virtuoso, lo que se espera de un cantautor de sesenta años, vamos. Pues nada de eso.

Las gradas de quita y pon estaban llenas hasta la bandera. Las atiborraba un público tan heterogéneo como melenudos con camisetas de Helloween y ex-presidentes del Congreso de los Diputados. Incluso reconocí a una antigua compañera de instituto de Pamplona que venía acompañada por su marido cincuentón, lo que me produjo una sensación muy extraña, como una leve embriaguez existencial.

Estábamos mal informados y no había orquesta, sino una banda de acompañamiento al más puro estilo de banda de pueblo: chicos jóvenes con muchas ganas (de estar en otra parte) y capaces de versionear lo que haga falta. El concierto empezó de bajón, y no sólo porque se arrancó con sus canciones más lentas, melancólicas y nuevas (osea, desconocidas), sino porque destapó inmediatamente el fraude que acompañaría todo el espectáculo: la mitad del sonido venía enlatado.

Y yo lo siento, pero... por mucho Battiato que sea, 56 euros para oír violines y coros pregrabados (lo que supone cero improvisación, cero variaciones) es mucho dinero.

Así que asistimos al concierto con cierto hormigueo de frustración, pensando que tal vez nos podríamos ahorrar el dinero del próximo concierto de Ennio Morricone (otro dinosaurio italiano con pocas ganas de trabajar no, gracias), hasta que Battiato abandonó el escenario durante unos minutos y dejó solas a las chicas estrafalarias que le habían acompañado a la guitarra y a las voces en las últimas canciones.

Se trataba del grupo punk MaB, y su canción fue lo mejor del concierto de Battiato. Luego el de Catania regresó para continuar su repertorio sin más sorpresas, interpretó lo que todo el mundo quería oír, terminó con (oh, sorpresa) el centro de gravedad permanente y hala, todos a casa, tan contentos.

Vale, en realidad el concierto no estuvo tan mal. Lo pasamos bien. Sus canciones siguen siendo únicas, raras, emocionantes, ridículas e incomparables. Y sólo a un genio que ya pasa de todo como Battiato se le podía ocurrir acompañarse de una banda como MaB.

Gracias, Franco.